martes 15 de diciembre de 2009

Ni caso a Obama


Escribe Horacio Eichelbaum: Obama presiona a Israel, a Honduras, a Marruecos…y ni lo toman en cuenta. Resulta sospechosa tanta ‘debilidad’, cuando los ejércitos imperiales aplastan a Irak, Afganistán, Pakistán…

La realidad va volviendo a su cauce. Efectivamente, Obama fue un espectacular cambio de fachada. Quizás tampoco podía ser más que eso: ‘lo que no pué ser, no pué ser…y además es imposible’. Va a resultar que la capacidad de Obama como orador se va pareciendo más a la de un convincente vendedor, aunque sea de sueños, que a la de un auténtico reformador.

Los que le dieron el Premio Nobel de la Paz, encendiendo tantas sonrisas irónicas, confirmaron la creencia generalizada: que el galardón es más por lo que promete que por lo que pudo llegar a hacer. Pero Obama ha dejado bien clara su teoría –no muy lejana al ideario de Bush- de que “la guerra es necesaria para la paz”. Es una ampliación del consejo romano: ‘si quieres la paz, prepárate para la guerra’, que tiene un sentido evidente: si te muestras débil es más posible que te ataquen.

Pero ese no es el caso de Afganistán. Por muy brillante oratoria que despliegue Obama, la de Afganistán es una guerra sin el menor atisbo de justificación. Se trata de un pueblo pobre y primitivo, al que los ataques constantes están reforzando en sus creencias religiosas y van extendiendo eso que Occidente llama, con tanto regodeo, el ‘fanatismo’. Allí donde llegan los ejércitos imperiales con sus guerras preventivas la desesperación se apodera de la población y crecen el fanatismo y los atentados suicidas. No hay más que ver cómo el incendio bélico ha sido propagado a Pakistán por los norteamericanos, mientras llevan más tropas a Afganistán y no decae la virtual guerra civil que el mismo invasor desató en Irak.

Esta ‘nueva era’ en la que regímenes brutales, como el chino, no reciben siquiera reproches, supone que Estados Unidos quiere abandonar su hábito de imponerse, aunque sea con aquellas terribles excepciones: Afganistán, Pakistán, Irak…

Tan tolerante es hoy el gobierno de Washington que no consigue apretar las tuercas a nadie: le ha dado un ultimátum a Israel para que suspenda los asentamientos de colonos en tierras teóricamente reservadas a los palestinos y el régimen de Tel Aviv ni se inmutó, continuando con esa ‘recolonización’ que va enterrando toda posibilidad de una paz negociada.

También ha querido frenar a los golpistas en Honduras y recibió el mismo desaire. Y, al menos hasta el momento en que se escriben estas líneas, tampoco ha obtenido el menor resultado presionando a Marruecos para que respete los derechos humanos, aunque sólo sea los de la señora Haidar, porque ya se sabe que el resto de los saharauis seguirá siendo reprimido día tras día. Tanta impotencia resulta hasta sospechosa. ¿Habrá que escuchar con otros oídos la advertencia de Hillary Clinton a Cuba, Venezuela y otros países latinoamericanos para que ‘se lo piensen bien’ antes de mantener buenas relaciones con Irán?

En Latinoamérica hay que seguir atentamente el desarrollo del verdadero tratado militar que Washington firmó con Colombia, presentado como un simple convenio para el uso de siete bases militares. En un escrito presentado al Congreso de Estados Unidos en mayo pasado con los presupuestos del Pentágono, se dejaban ver las intenciones del pacto con Colombia: pedían a los congresistas 47 millones de dólares para acondicionar la base de Palanquero. El texto era tan explícito que fue corregido y presentado de nuevo, mucho más suave, en noviembre. Allí se subrayaba la feliz circunstancia de que, desde aquella base, el ejército USA puede acudir con rapidez y bajo costo a cualquier parte de esta ‘subregión’ (menos al Cabo de Hornos, en el sur de Chile), tan peligrosa por la existencia de gobiernos ‘anti norteamericanos’.

No hay muchos datos que indiquen un verdadero cambio de rumbo de Washington. Al contrario, empieza a temerse que el ‘cambio de imagen’ que representa Obama se agote en sí mismo y sólo sea eso, un cambio de imagen.

lunes 14 de diciembre de 2009

Breve Vocabulario de Les Luthiers


Siempre es bueno ampliar el vocabulario. aquí va un humilde aporte de "Les Luthiers".

INESTABLE: Mesa norteamericana de Inés.

ENVERGADURA: Lugar de la anatomía humana en dónde se colocan los condones.

ONDEANDO: Onde estoy.

CAMARÓN: Aparato enorme que saca fotos.

DECIMAL: Pronunciar equivocadamente.

BECERRO: Que ve u observa una loma o colina.

BERMUDAS: Observar a las que no hablan.

TELEPATÍA: aparato de TV para la hermana de mi mamá.

TELÓN: Tela de 50 metros ... o más.

ANÓMALO: Hemorroides.

BERRO: Bastor Alebán.

BARBARISMO: Colección exagerada de muñecas barbie.

POLINESIA: Mujer Policía que no se entera de nada...

CHINCHILLA: Auchenchia de un lugar para chentarche.

DIADEMAS: Veintinueve de febrero.

DILEMAS: Háblale más.

MANIFIESTA: Juerga de cacahuetes.

MEOLLO: Me escucho.

TOTOPO: Mamamífero ciciciego dede pepelo nenegro que cocome frifrijoles.

ATIBORRARTE: Desaparecerte.

CACAREO: Excremento del preso.

CACHIVACHE: Pequeño hoyo en el pavimento que está a punto de convertirse en vache.

ELECCIÓN: Lo que expelimenta un oliental al vel una película polno.

ENDOSCOPIO: Me preparo para todos los exámenes excepto para dos.

NITRATO: Ni lo intento..

NUEVAMENTE: Cerebro sin usar.

TALENTO: No ta rápido.

ESGUINCE: Uno más gatorce.

ESMALTE: Ni lune ni miélcole.

SORPRENDIDA: Monja en llamas.

La defensa de YPF : Enrique Mosconi


Si las nuevas generaciones argentinas necesitan encontrar una figura a la que invocar, en defensa de la soberanía nacional, esa personalidad es la del general Enrique Mosconi, ejemplo del militar consustanciado con su país. Porque para Mosconi la soberanía nacional no comenzaba ni terminaba en los discursos celebratorios de fechas patrióticas, ni eran una metáfora de circunstancia.

"Resulta inexplicable la existencia de ciudadanos que quieren enajenar nuestros depósitos de petróleo acordando concesiones de exploración y explotación al capital extranjero, para favorecer a éste con las crecidas ganancias que de tal actividad se obtiene, en lugar de reservar en absoluto tales beneficios para acrecentar el bienestar moral y material del pueblo argentino. Porque entregar nuestro petróleo es como entregar nuestra bandera" . Enrique Mosconi

Para él, soberanía y nacionalidad, eran algo tangible: la defensa del patrimonio argentino, sus riquezas naturales, eran los hombres y mujeres que con su trabajo escriben las páginas más auténticas de la nacionalidad.

Fue un tenaz defensor de los intereses petrolíferos nacionales durante los ocho años que permaneció como director de la Dirección General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Supo impulsar a la nueva empresa, no sólo multiplicando su producción sino dotándola de la estructura necesaria para el cumplimiento de sus objetivos básicos. Luego de una prestigiosa carrera militar, el general Mosconi dedicó su accionar a tratar de conseguir una política que permitiera resultados positivos para el país. En su libro "El petróleo argentino y la ruptura de los trusts petrolíferos inglés y norteamericano el 1º de agosto de 1929", expuso sus ideas centradas en una política de "puerta cerrada" y monopolio estatal que -según sus palabras- "terminará con la lucha entre los trusts e YPF". En ese sentido, Mosconi afirmó: "Dos organizaciones, la fiscal y la privada, no pueden coexistir, pues representan intereses antagónicos, destinados a vivir en una lucha de la cual sólo por excepción saldrá triunfante la organización estatista. Para asegurar para nuestro país la riqueza petrolera debe encararse a fondo la cuestión, siendo ello imposible de lograr mientras el Estado no monopolice íntegramente la explotación de sus yacimientos".

Nacido en Buenos Aires el 21 de febrero de 1877 cursó estudios en el Colegio Militar de la Nación, al que ingresó en mayo de 1891. Ingresó luego a la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, y desempeñó el cargo de subdirector general de Arsenales de Guerra desde 1914 a 1918.

Luego de graduarse como ingeniero civil, se le reconoció como profesional militar pasando al arma de ingenieros. Durante su prestación de servicios viajó a Italia, Bélgica y Alemania donde realizó estudios para la construcción de la usina hidroeléctrica y a gas pobre que funcionaba en Campo de Mayo.

Antes de regresar al país en 1914, patentó en Alemania y cedió al Ministerio de Guerra de la Argentina un dispositivo para cambio de trocha en rodados militares. Otra vez en la Argentina volvió a comandar el cuerpo de Ingenieros hasta ser nombrado subdirector general de Arsenales de Guerra en 1915. Fue designado luego director del Arsenal Esteban de Luca y en marzo de 1920 -ejerciendo el cargo de director de Aeronáutica- fundó el Grupo 1º de Aviación dando así impulso al arma.
Romper los trusts

A través del libro citado y varios trabajos periodísticos explicó Mosconi sus ideas sobre la cuestión petrolera. En una nota publicada en "Noticias Gráficas" del 17 de setiembre de 1932, señaló: "El país reclama una ley que garantice al pueblo argentino el usufructuo total de los beneficios derivados de las explotaciones petrolíferas y que esto se realice en la mayor tranquilidad, libre de la áspera lucha de intereses que pone a prueba, y a menudo mancha, el honor de las personas y la dignidad de las funciones públicas".

"Se trata -continuaba Mosconi- de un asunto demasiado complejo, constituido por múltiples especializaciones que deben ser consultadas para formular un proyecto que coordine con unidad de doctrina las distintas actividades que integran la industria petrolífera y defender así, esta fundamental riqueza pública, establecer el conveniente ordenamiento de su explotación y alcanzar los objetivos que imponen el presente y el porvenir económico de la Nación".

Designado titular de la Dirección General de YPF, el 19 de octubre de 1922, el general Mosconi consiguió a lo largo de sus ocho años de gestión que la empresa pasara de una producción de 348.888 metros cúbicos de petróleo en 1922 a 872.171 metros cúbicos en 1929. Defensor del patrimonio petrolífero del país, puso de manifiesto más de una vez su opinión adversa a los trusts. En el artículo anteriormente citado agregaba a propósito de un proyecto parlamentario sobre hidrocarburos que "es decididamente propulsor del capital privado, que en nuestro país forman casi sin excepción, empresas extranjeras filiales de los grandes trusts y, lo que es peor, descuida este proyecto la necesidad de impulsar el desenvolvimiento de YPF, colocado con respecto a los trusts en inferioridad de condiciones".

Tenaz opositor de los trusts petrolíferos ingleses y norteamericanos señaló en esa oportunidad, y ante las controversias suscitadas por "el trance de acaparamiento" de la Standard Oil -efectivizada mediante la concesión petrolífera en Salta-, "me aferro ahora más que nunca al concepto de puerta cerrada y monopolio que terminará con la actual lucha de predominio entre los trusts e YPF, lucha cuya aspereza irá siempre en aumento".

En el transcurso de su mandato inauguró la Destilería de La Plata -en diciembre de 1925- que entró en producción inmediatamente elaborando nafta, kerosene, fuel oil y a menos de cinco meses de su habilitación comenzó la producción de nafta de aviación. El año 1926 señala la entrada de YPF en el mercado de combustibles con sus propios productos. Dos años después comenzó la explotación de petróleo en Salta y debido a una intensa exploración llevada a cabo en la zona noroeste, se produjo en 1933 el descubrimiento petrolífero de Tranquitas.

En la faz comercial la empresa ganó terreno rápidamente bajo la gestión de Mosconi que en agosto de 1929 rebajó el precio de la nafta en todo el país concretando una nueva rebaja tres meses más tarde. Resalta aún más este acontecimiento comercial si se tiene en cuenta que desde 1928 tenía vigencia en el plano internacional el convenio Achnacarry -firmado entre Standard Oil, Royal Dutch, Shell y Anglo Persian- regido por el principio del "as is" y según el cual cada empresa conservaba la posición que tenía en el mercado en el momento en que se firmara el acuerdo.

La exposición de las ideas del general Mosconi denotaban su preocupación por asegurar los beneficios de la explotación petrolera nacional a través de una legislación adecuada. "El monopolio (sin expropiación de las concesiones existentes) acabará con los rozamientos y lucha de intereses -afirmaba el entonces titular de YPF- con los entorpecimientos y falsas canalizaciones de los trámites legales y reglamentarios de los expedientes. Acabará asimismo con la intromisión de elementos extraños en nuestra política interna, con el soborno, cada vez más alarmante. Evitará futuras complicaciones y perturbaciones en nuestra economía, en nuestro derecho y nuestra soberanía. Usufructuaremos así, íntegramente, en paz y tranquilidad, con honor y dignidad, como podemos y debemos hacerlo, los beneficios de nuestras explotaciones petrolíferas".
Aquella mañana de 1922

Una mañana de agosto de 1922, Mosconi se enteró que la empresa norteamericana West India Oil Co., la única que vendía nafta de aviación, se negaba a suministrarla sin pago adelantado. El entonces coronel Mosconi entrevistó al gerente de la empresa, para ratificar la noticia. Sí, era así. Mosconi le replicó al gerente de la compañía extranjera según cuenta en su libro: "Advierta que el Servicio Aeronáutico del Ejército no debe un centavo a su compañía; que se trata de una repartición militar solvente y dependiente del Ministerio de Guerra y que, por lo tanto, no sólo me sorprenden sus manifestaciones y su exigencia, sino que las considero impertinentes y no las acepto".

Más tarde comentará Mosconi: "Allí, en el mismo escritorio me propuse juramentándome conmigo mismo, cooperar con todos los medios legales para romper los trusts". Hacia esa meta iba Mosconi el 1º de agosto de 1929, cuando YPF rebajó el precio del litro de nafta y tomó "la dirección y el contralor del mercado de combustible líquido en la Argentina". El juramento de 1922, "romper los trusts" había sido satisfecho.

Pero todo se lo llevará el vendaval del 6 de setiembre de 1930, hasta que en 1931, el presidente Uriburu lo citó en la Casa Rosada para anunciarle -para ordenarle- que viajara a Italia en misión de estudios. Era un destierro disfrazado y continuará -aunque retorne al país- en esa condición. El general Justo lo designará director del Tiro y Gimnasia del Ejército. Era algo inaudito. El viejo luchador quedaba relegado a un papel protocolar. Poco después un ataque de hemiplejia lo fulminaría y el 31 de diciembre era retirado de oficio como general de división. Inválido, en el ostracismo político, fallecía el 4 de junio de 1940.

Al memorar su ejemplo -un ejemplo vigente para estos días-, vale la pena recordar aquella sentencia en la que afirmó: "Es bueno vitorear a la Patria, pero es mejor ayudarla a vivir contribuyendo a su engrandecimiento y bienestar".

Publicado por ARGENPRESS

sábado 12 de diciembre de 2009

Argentina, Mendoza: Los niños agonizan sobre las vías del tren


Cuadro Nacional, San Rafael: donde antes hubo trenes llenos de productos y personas, ahora hay un caserío arrojado sobre los rieles a la buena de Dios. Cientos de niños y de perros, de hombre y mujeres de Mendoza repitiendo un destino macabro, mientras los Dueños del Reino juegan a las zancadillas. Entrá a esta nota y permitite mirarla: esta es la provincia que supimos conseguir.

Pocas cosas más representativas de una provincia que se vino a pique que un asentamiento de indigentes levantados sobre las vías del tren. La imagen es particularmente poderosa porque resume dolores largos: la ausencia del tren –y ya se dijo que un país sin trenes no es un país– y el crecimiento de la indigencia, en este caso, en una villa donde sobran los niños, los perros y el abandono institucional.

Estamos en Cuadro Nacional, distrito vecino de la villa cabecera de San Rafael. En la estación de trenes, donde antes hubo locomotoras que atravesaban el mundo cargadas de carbones, vinos, frutas, gentes y asuntos por el estilo, ahora, hay una villa con señoras tristes que riegan un par de tristes malvones y perros con garrapatas tristes y piecitas breves bajo el sol del Tercer Milenio.

Bajo estos casi ilusorios hogares, hay rieles y durmientes y un par de galpones en los que malviven carteles de bienvenida de otros tiempos. Actualmente, el caserío alberga a más de mil personas, unas 160 familias, quince años de historia, 700 niños, 500 perros y por lo menos una docena de años de dejadez estatal. ¿Ayuda oficial? Ninguna.

La excusa, para los asentamientos en esta clase de terrenos, es la misma en nuestro sur que en nuestra ciudad: los terrenos del ferrocarril son nacionales, “entonces la Municipalidad de San Rafael y el Gobierno Provincial dicen que no pueden hacer nada”.

Hubo que ponerle un nombre al lugar y esta vez no primó el afán de eternidad a través de algún nombre asociado con alcurnias, prosapias o victorias: le pusieron Barrio Nuevo, así, cortito. Vamos a conocerlo.

Mire la villa, mírela”

Ni bien atravesamos el umbral del olvido, unos vagos se cruzan con una amenaza que oculta un chiste. “Cuidado con la villa, se pone peligrosa”, larga uno. “¿Y hay laburito pa’ los vagos?”, dice otro. Rápidamente, llegan las risas y terminan por quedar descolocados cuando ven que, en realidad, vamos a hablar con sus madres, ese objeto divino dentro de la cosmogonía del pobre.

En las villas, ellas son las que saben cómo funciona el asunto que no funciona. Las madres, ustedes saben, siempre son las que todo lo saben y por todos velan. Y si algún progreso se logra, es porque hay madres detrás y esto es así, indefectiblemente, en cada rincón del mundo.

Vamos a la primera casa: es otra mañana en la villa y el sol pega en las latas, mientras la señora Estela intenta reunir un litro de un hilito de agua que sale de su canilla. ¿Por qué todo tiene que ser siempre así de difícil? ¿No debiera uno tener agua ni bien abre el surtidor? Uno imaginaría que semejante situación puede atacarla al abrir la heladera, pero es posible que ni heladera, mire, vea.

El problema aquí, no empezó con el asentamiento, sino que, según los vecinos, tendió a solucionarse, porque antes los galpones “eran aguantaderos de delincuentes”.

“Hace como cinco que nos prometieron el barrio, pero nos piden tener el terreno comprado para hacer las casas y después pagar cuotas por lotes y por casas y se hace difícil para nosotros”, dice ella, al pie de surtidor y ya llega otra vecina.

“Acá la Municipalidad de San Rafael no entra. Dicen que no pueden entrar a este terreno y con esa excusa no hacen nada. Con Edemsa nos pasa lo mismo, para poder darnos luz nos piden un comodato para poder poner una pilastra en cada casa. Mientras tanto, estamos todos colgados y por ahí nos amenazan con que van a pasar la topadora”, escuchamos y el hilito de agua sigue cayendo y el litro parece que jamás va a completarse.

No hace mucho, la Policía de Mendoza les pidió a los vecinos que hicieran una calle que atravesara la villa como una cicatriz atraviesa el antebrazo de un preso. Lo hicieron: pusieron diez manguitos por familia, contrataron una máquina e hicieron la calle, con la intención de que fuera transitada por la Policía, porque el afán de seguridad, al fin y al cabo, no es sólo apetito de los que tienen.

Le pusieron nombre a la calle: “Unión Obrera”. Y ahora entonces vale recordar que Borges ha escrito que el nombre es arquetipo de la cosa.

“Venga, joven”, llama una vieja que se enteró. “Mire la villa, mírela”, y la villa es mirada. “Fíjese una cosita: está más limpia esta villa que la Ciudad de San Rafael y que el Cuadro Nacional”, larga. “Y le digo otra cosa: hay cero delincuencia en el barrio”, termina. Tiene razón la vieja, que sonríe satisfecha, más allá de las ausencias que, en silencio, pronuncia su boca.

“Me los traje a vivir con nosotros”

Los primeros vecinos que llegaron se fueron de una a vivir a los galpones: no era muy agradable en invierno, pero tampoco en verano. Corría la segunda mitad de los ’90 y el menemismo había hecho ya tanto daño que se lo podía respirar por las calles.

Entre los primeros habitantes que fueron a los galpones, estaba doña Luisa Montoya. Tiene 49, pero parece de diez más. Con el tiempo, a Luisa y su marido les ha ido bien; tanto que dejaron el galpón y se hicieron un ranchito con patio a 200 metros. Tan bien les ha ido, que tenían una piecita vacía ahí atrás y se la dieron a una señora con cuatro hijos, una señora que hace unos días que no está, porque ha ido a parir al Schestakow, y sus cuatro hijos se levantan a la mañana como se acostaron a la noche y así andan por ahí.

“No tenían donde ir y me los traje a vivir con nosotros”, dice doña Luisa con toda naturalidad, como si fuera normal, como si los mendocinos tuviéramos como costumbre ser solidarios y cosas por el estilo.

Hay un dato más: doña Luisa se puso un almacén y, ya saben ustedes, los vecinos vienen a pedirle fiado. Y no le pagan la cuenta. “Pero no ponga nada, porque no está declarado”, se excusa como si, efectivamente a alguien le preocupara lo que ocurre o deja de ocurrir en este caserío de largas miserias, que a esta altura ya ni propietario de las tierras exhibe.

Doña Luisa es tajante: “¿Qué se puede esperar de gobernadores e intendentes? Este barrio es de gente trabajadora: hay albañiles, gente que trabaja descarozando ciruelas, changarines, camioneros, un par de municipales: nosotros nos queremos quedar a vivir acá, pero con los servicios y pagar los gastos. Ahora tenemos que juntar 500 pesos entre todos para tener personalidad jurídica”, comenta ella, quien, a la sazón, es la presidente de una Unión Vecinal que, como un personaje de Ionesco o Pirandello, busca su personalidad, pero jurídica.

“Esto era un bosque de delincuencia; ahora es un barrio y los vecinos de nosotros nos agradecen. Los que nunca se han aparecido, salvo cuando hay elecciones, son los políticos”, finaliza.

Sus niños y los otros niños, ya más acostumbrados a nuestra extraña presencia, juegan con los chocos. ¿Qué estarán pensando exactamente? La respuesta, tal vez, demorará unos diez o doce años en ser develada, si no es que antes, como dicen los mayas, los cineastas y los rockeros, este mundo de mierda no vuela en mil pedazos de una buena vez por todas.

Mientras tanto, ahí puede palparse una evidencia incontrastable: los niños son hermosos, aun cuando agonizan sobre las vías del tren.

Ulises Naranjo

(MDZOL)

El pensamiento de Abel Posse


Ideario para recortar y no olvidar
En diversos artículos de opinión y reportajes, dijo que “contra los militares se hizo más justicia de la debida”, defendió al ex obispo castrense Baseotto y denostó al rock y a los que usan “arito”.

Jurásicas
-“Se busca mantener ilegítimamente encarcelados a los militares que cumplieron el mandato del gobierno peronista logrando el cometido de aniquilar la guerrilla en sólo diez meses. Los oficiales y hasta los soldados son procesados y reprocesados en un ejercicio de venganza disfrazada de justicia.”

-La Argentina “es el país que llega hasta la indefensión nacional para castigar a un Ejército por hechos de hace cuatro décadas” e “indemniza subrepticiamente a quienes participaron de un alzamiento contra el gobierno democrático. El Estado ordenó indemnizar y exculpar a los subversivos.”

-“Los guerrilleros que rodean a los K, aunque ya estaban generosamente indemnizados por su derrotas de los ’70, lograron afirmar la tarea de demoler las Fuerzas Armadas, lograr que los policías se sientan más amenazados e inhibidos en la tarea represiva (...) concediendo excarcelaciones a una gran cantidad de menores”. Luego los llamó “asesinos derrotados”.

-También cuestionó la “ilusión de algunos derrotados persistentes que quisieran transformar nuestras Fuerzas Armadas en milicias ideológicas con ideas muertas y enterradas”. Sobre los sobrevivientes de la dictadura, sostuvo que “se apaña al residuo de subversivos y se los destaca casi como personalidades morales”.

-“Contra los militares se hizo más justicia de la debida –eso es injusticia–. Se anularon indultos con irritante parcialidad, al punto de que asesinatos y estragos masivos causados por los insurrectos aparecen como actos no condenables. Se negó a los oficiales toda exculpación por el juramento de obediencia y verticalidad ante sus mandos, sin el cual sería imposible comandar una guerra.”

Gatillo fácil
-“El gatillo fácil lo tienen en nuestro país los delincuentes”, lanzó Posse, que insistió en que la policía “no actúa con todo su poder”, ni “con la energía suficiente”, que “no tienen armamento ni convicción de ser el brazo armado del Estado”.

-“Los Kirchner se deslizaron con indiferencia y prohijaron el vandalismo piquetero, el desborde lumpen, la indisciplina juvenil. Lograron demoler el básico esquema constitucional de orden público y de ejercicio de la fuerza exclusiva del Estado para cumplir con la misión esencial de reprimir. Reprimir es obligación del Estado. Se enfrenta al delincuente para garantizar la vida del ciudadano con sus libertades (la de circular libremente, por ejemplo). Lograron infectar con un virus ideológico la garantía elemental de seguridad.”

-“Hoy el vandalismo, el piqueterismo politizado y la protesta de tantos desamparados se derraman por las calles con su perfil agresivo.”

Rock y juventud
-“Hoy vemos la degradación familiar, padres que no controlan a sus hijos, jóvenes drogados y estupidizados por el rock.”

-“No vamos a hablar de los que son rechazados con el arito y la droga en el bolsillo, a ésos nosotros no los defendemos” (como embajador en España, sobre los argentinos que viajaban).

Educación sexual
En columnas anteriores, defendió a Baseotto, quien había pedido que se tirara al mar con un peso en el cuello al entonces ministro de Salud Ginés González García porque habló a favor de la despenalización del aborto.

-“Baseotto procede con pasión cuando señala que repartir esos preservativos conlleva un acto escandaloso: de algún modo, se banaliza la sexualidad, se suspende el pudor como estilo de una sociedad católica. Al recibir los preservativos repartidos como caramelos, los chicos quedan perplejos. ¿El pudor de las familias carece de todo sentido?”

-“Sin prevenciones espirituales, morales y religiosas, tácitamente se invita a la banalización del sexo y también a la precocidad sexual. Se preserva el cuerpo y se sigue enfermando el alma juvenil.”

-Como orgulloso integrante del Grupo Aurora, que también integran Marcos Aguinis y Horacio Sanguinetti, aseguró que a los intelectuales de Carta Abierta “les deben dar alguna changa”.

viernes 11 de diciembre de 2009

Argentina. Teatro: Una vieja historia de inmigrantes


Como parte de la celebración por los 25 años de la agrupación artística de vecinos de La Boca, volverá a subir a escena la entrañable pieza que rescata la vida en los conventillos. Su director, Adhemar Bianchi, habla del pasado y el presente de esta experiencia comunitaria.
La Boca es uno de los barrios porteños que todavía mantiene rasgos identitarios, esas marcas en el orillo que señalan una procedencia: la Bombonera, persianas de negocios pintadas con los colores del club, Caminito, y podría agregarse al "Grupo de Teatro Catalinas Sur". Nacido de la cooperadora del colegio del barrio Catalinas hace ya un cuarto de siglo, su identificación con el barrio y sus tradiciones es muy fuerte.

“Nosotros queremos a La Boca, somos de acá”, resalta Adhemar Bianchi, director del grupo. “Es muy especial: además de ser uno de los lugares en los que el arte popular estuvo expresado desde fines del siglo XIX, ha sido siempre un lugar de inmigración. Entonces es un mundo que vive en la calle. Y nosotros nos sentimos parte de La Boca”, se enorgullece. Y para celebrar estos 25 años reponen en el Teatro de la Ribera (Pedro de Mendoza 1821) los sábados a las 21 "Venimos de muy lejos", una obra estrenada en 1990 que recupera la convivencia en los conventillos de finales de siglo XIX y principios del XX de aquel aquelarre inmigratorio que pobló nuestro país.

–¿Por qué eligieron Venimos de muy lejos para celebrar estos veinticinco años?
–Para nosotros el Teatro de la Ribera y el IFT fueron las primeras salas en las que trabajamos. Y La Ribera es una sala en nuestro barrio y un lugar donde habían llegado y trabajado casi todos los viejos antepasados de la gente de La Boca. Llegaban al Hotel de los Inmigrantes, que es donde ahora está la Dirección de Migración. Entonces, un poco reproducimos la historia de los inmigrantes, que llegaban en los barcos, y muchas de esas historias son contadas por nuestra propia gente, los integrantes del elenco se las escucharon a sus abuelos... fue una cosa muy interesante y muy afectiva para nosotros hacerlo en Vuelta de Rocha.

Y ahora que el Complejo Buenos Aires nos dio la sala por estos dos meses, cuando nos preguntamos qué haríamos, decidimos Venimos... y el Parque Japonés. Y también con invitados . Con nuestros amigos festejamos haciendo teatro para la comunidad en La Boca. Ahí estamos, viendo cómo nos acomodamos en casa ajena, del Estado, que tiene sus reglas y hay que contemporizar.

El traslado al Teatro de la Ribera se debe a que el grupo está refaccionando el Galpón de Catalinas, su “casa”, que compraron en 2001 y al que esperan volver a mitad de año. “El Galpón es nuestra plaza techada, aunque ahora si lo miramos de techada no tiene nada”, dice Bianchi, y ríe. “El Galpón para nosotros ha sido un paso importante. Además, nos permite hacer talleres, abrirnos a la comunidad, hemos hecho cosas con muchas organizaciones del barrio... es nuestra casa, abierta a los que quieran estar”, invita.

–En Venimos... es fuerte la presencia del anarquismo. ¿Es una obra pensada políticamente?
–Más que un tema político, es en términos de un testimonio de lo que fue la inmigración. Tenés el tano comerciante, y otros tantos, y también el movimiento obrero. Los anarquistas fueron parte fundamental de nuestra organización sindical, y eran tanos y gallegos. Pero más que como una mirada política es un reconocimiento del lugar de donde venimos y cómo era todo esto. Sin intentar ser folklórico y con ciertas puntas: tenés el cívico también, el puntero de aquel momento; están la prostituta, el cura gallego. Tenés toda la estructura que había entonces.

En todo caso, en la última parte sí hay una ironía cuando aparecen el educador, el sociólogo, que hacen los diagnósticos académicos, pero nunca ponen esos diagnósticos en obra. Es decir un poco que ya todos sabemos cuáles son los problemas, como la pobreza, y que lo que falta es poner manos a la obra. Creo que cumplimos con un rol que el arte tiene, que es el de pinchar y, con humor e ironía muchas veces, decir cosas que nos parece que hay que decir. Y que salen de un contexto de gente que va de 90 años a adolescentes. Acá hay laburantes, pibes desocupados, estudiantes, obreros, pequeños comerciantes, algún profesional, que somos un espejo pequeño de lo macro que es la sociedad.

–¿Cómo se coordina un grupo de casi trescientas personas?
–Nosotros básicamente somos un teatro de vecinos. Vienen de toda edad, clase social, profesión y opinión. Siempre que la opinión fundamental sea el crear juntos y el concepto solidario. O sea que hay algunos que quedan excluidos... pero se excluyen solos en realidad: ni vienen (risas). A partir de eso nos organizamos: nos reunimos a la noche o los fines de semana. Y cuando estamos más cerca de algún estreno o algo así, nos juntamos dos o tres veces por semana y después casi todos los días. Pero a la noche. Hay un equipo de trabajo que es el que coordina y que es el que tenía o adquirió los oficios para poder multiplicarlos con la gente: canto, orquesta, títeres, organización, gestión... se fue armando un equipo. Hay algunos que han tenido experiencia actoral, pero acá vienen como vecinos. La ventaja que tienen es que los podés utilizar más como comodín cuando tienen oficio. Son muy pocos, pero buenos los que tenemos.

–Siempre resalta la cuestión de recuperar el espacio público. De hecho, definió al Galpón como una “plaza techada”.
–Hay una concepción nuestra de por qué esto del espacio público, por qué las plazas: porque nosotros mantenemos que esto de la seguridad no es un problema de más policías ni de pena de muerte, sino de volver a recuperar el espacio público para la gente y que no sea tierra de nadie para los dealers, ni para la policía, ni para los ladrones. Y recuperar el espacio público es también la fiesta, pero en el sentido de la celebración de estar juntos. Hay un montón de cosas incipientes, pero entendemos que no es una pavada que se hayan armado más de treinta grupos en el país, porque la gente está necesitando eso. Además, obviamente necesita trabajo y un montón de cosas más, ¿no? Pero ayuda que la gente piense y cree colectivamente en un territorio que no es sólo para venir a dormir y después se va a trabajar a otro lado. Que piense en términos territoriales y de comunidad.

Para Bianchi, la urbanización del barrio Catalinas tuvo mucho que ver en los orígenes del Grupo de Teatro, allá por 1983. “Hay determinantes arquitectónicos que crean cierto tipo de cosas”, sostiene, y argumenta: “Siempre dije que Catalinas es como un conventillo, tiene un patio central y edificios alrededor. Los edificios no están mirando hacia afuera: la gente no sale a la calle; sale al patio y después va a la calle, por esos senderitos internos que hay. Yo creo que eso va creando algo. Primero que no hay calles, entonces está la escuela ahí, los pibes se mueven tranquilos. Y también está muy cerca del centro. Se dio un barrio donde vivía mucha gente joven, con hijos en la escuela, y se formó una cooperadora de padres fuerte. Era la generación de los que hoy tenemos cincuentaipico, sesenta. Es una generación que venía de las épocas en las que se pensaba que los cambios sociales estaban ahí, de la izquierda o del peronismo. Es una generación con un planteo social fuerte”.

–Pero eso sólo no alcanza para formar un grupo de trabajo comunitario...
–En la época de la dictadura –y La Boca fue un barrio muy golpeado por las desapariciones–, la escuela era un lugar donde llevar adelante esas prácticas en común; entonces empezaron a avanzar haciendo bienales de arte, tratando de mantener los lazos comunitarios en una época muy dura. Y en ese contexto, había un taller de teatro, y cuando me plantearon a mí que hiciera un taller, yo dije que taller no, porque Argentina estaba lleno de tallerismo. Que si querían nos planteábamos un proyecto de hacer teatro con los vecinos en la plaza. Algunos se acercaron y así comenzó el Grupo Catalinas a ocupar la plaza, todavía con dictadura militar. Nosotros estrenamos en noviembre del ’83. Fue una necesidad de ocupar el espacio público, de recuperarlo de alguna forma. Estrenamos una obra de teatro clásico español que hablaba de la censura del rey Fernando II, que se las traía para censor, con la lectura de las prohibiciones y de esos absurdos de Fernando, que obviamente tenían una lectura distinta para el público. Era una especie de gran ironía, de gran broma, de joda, con teatro español en verso, clásico.

–Las “choriceadas” son un clásico del grupo. ¿Las siguen haciendo?
–¡Claro! Las choriceadas se hacen siempre en la puerta de nuestro teatro, y en La Ribera vamos a probar. Si no nos echan los de Prefectura...


Sebastián Ackerman

Argentina: La TV y el psicoanálisis

Si en sus primeras "Conferencias", Freud afirmaba que la resistencia al psicoanálisis era la mejor prueba de su eficacia, deberíamos preguntarnos qué le depara el presente, ahora que la práctica se legitimó con el índice más claro de aprobación colectiva.
Léase: el éxito televisivo. Ni siquiera importan esas investigaciones de la UBA que indican que hay 145 analistas cada cien mil habitantes y ubican a la Argentina a la cabeza de Dinamarca, Suiza y Noruega en cantidad de psicólogos per cápita: la representación mediática de la terapia psicoanalítica es garantía suficiente de masividad.
Ya los primeros difusores del psicoanálisis a nivel local, como Enrique Pichon Rivière, uno de los fundadores de la Asociación Psicoanalítica Argentina, luchaban por extenderlo fuera del consultorio a través de columnas semanales en la revista "Primera Plana".

Paradojas del destino, hoy se lo cita (indirectamente) en una de las ficciones más exitosas de Canal 13, cuando el analista representado por Norman Briski le dice al paciente conflictuado por la endogamia de la comunidad armenia: “Es necesario salir del círculo para entrar en la espiral”. Pero el guiño no hace a la historia y estas sutilezas son un dato menor a la hora de ver las causas que llevaron a los guionistas de Trátame bien a extender los 13 capítulos iniciales a los 36 que serán finalmente, gracias a la repercusión del programa.

¿Qué atractivo encuentra el televidente argentino en la recreación del análisis?
Todo empezó con "Vulnerables", allá por el año 2000. Por primera vez se llevaba un grupo de terapia a la pantalla chica, se contaba la dinámica de trabajo y la problemática particular de cada uno de sus miembros: desde el adicto, la madre posesiva y el fóbico, a la histérica o el jugador compulsivo. Además, se dramatizaba la vida del terapeuta, algo totalmente innovador para ese momento.
“Antes de Vulnerables, solamente recuerdo las terapias televisivas como una recreación donde el analista era un estereotipo, el personaje de pipa que ponía caras mientras el protagonista le hablaba”, dice Mario Segade, uno de los guionistas. “Lo que nos atrajo a Belatti y a mí fue el poco interés inicial que despertaba la idea de hacer un programa de televisión que básicamente se centraba en ‘gente hablando de sus problemas’. Bueno, nosotros demostramos que era posible hacer un programa intenso y atractivo con esa temática, porque todos los elementos que usamos eran muy sólidos: escritura, producción, dirección, intérpretes.”

Y es cierto, lo que dice Segade. La suma de factores llevaba las más de las veces a un clímax dramático donde el espectador quedaba de cama. Hubiera hecho terapia en su vida, o no.
Los autores desacreditan la opinión de que Vulnerables marcó un antes y un después en la televisión argentina, pero admiten que abrió las puertas para que otros pudieran pensar nuevas ficciones.
Y así fue como unos años más tarde vinieron las "Locas de Amor", con guión a cargo de Pablo Lago y Susana Cardozo, la dupla (¡y pareja!) que hoy escribe "Tratame bien".

Básicamente, dicen los guionistas, la idea fue mostrar la locura desde un lugar interesante, lejos de la oscuridad y la abyección a las que solía asociarse. “Poder contarle al público cómo vive una persona con problemas psiquiátricos concretos, una vida supuestamente normal”, explica Cardozo. De ahí a Tratame bien, no medió más que un paso y la aprobación de Poolka , a esta altura referencia obligada de los productos “psi”. Y entonces acá estamos todos, prendidos cada miércoles al unitario que gana en su franja horaria reflejando una terapia de pareja (la dupla Roth-Chávez) y las terapias individuales de sus integrantes.

Por un lado está Briski, el analista de José (Chávez) que vendría a ser algo así como el tipo que está de vuelta.
El personaje de Arturo es Briski haciendo de Briski (que debe tener unos cuantos años de análisis encima) con esos gestos, con esas risas ante el relato del paciente, el tipo que baja un escalón para hacernos la vida más fácil y se permite hablarle de igual a igual (“¿no querés una pinza de esas de depilar para sacarte esa astillita que tenés en la mano?”) sin olvidar el famoso “encuadre”: desde señalar el sillón que le corresponde “siempre” por ser el analista, hasta derivar al personaje de Alfredo Casero cuando descubre que es amigo de José (“en nuestra profesión, el encuadre..., la base ética de nuestra profesión”, trastabilla algo incómodo).

Después está Elsa (María Onetto) que es la más imperfecta de todos, por no decir lisa y llanamente una inútil. Una analista lenta, pegada al librito, un tono cansino que recuerda a la cosmetóloga de Juana Molina (“estás mal, Sofía, ¿mmm?”; “¿Y el alcohol, Sofía?”), negada como pocas a resolver el síntoma que salta frente a sus ojos cuando Roth llega ¡borracha! al consultorio.
Y por último está Banegas, la gran Banegas haciendo de Clara, la terapeuta de pareja. Otra que debe darse sus buenas panzadas leyendo los guiones. Una Medea en el rol terrenal de analista, aunque mucho más simpática. Agradable, podríamos decir. Una mujer frontal, mucha sonrisa, muchos chistes, que escucha complaciente cuando Roth y Chávez le cuentan que se fumaron un porro en el medio de la mudanza post-crisis y apela al silencio ante las peleas feroces que muestran más que cualquier discurso. Incluso se permite guiños con la teoría: “Cómo roban ustedes con el yeite de la madre”, le dice Casero en su primera sesión de terapia con la hija del matrimonio protagonista. “¿Sabe qué pasa?”, contesta Clara, “que el yeite de la madre es el yeite más viejo de la historia de la humanidad”.

A la hora de arriesgar las razones del éxito, Lago y Cardozo coinciden en que los desconocedores de la terapia espían de qué se trata “para ver si hay cosas que a ellos les sirvan”, mientras que el analizado con experiencia corrobora satisfecho la verosimilitud del formato.
El goce de fisgonear dentro de un espacio cerrado en el que, por definición, jamás podría haber un tercero.

Claro que en uno y otro caso es necesario hacer un pacto previo con la ficción: se sabe que el tiempo es oro y que el zapping está al alcance de la mano.
“Lo que nosotros hacemos es tomar una foto”, explica Cardozo. “Si la terapia dura 45 minutos real, acá vamos a mostrar un minuto de lo más interesante. El insight famoso, por ejemplo, pasó una sola vez y no volvió a pasar. Eso no sucede tan fácil ni tan rápidamente en las terapias normales, no vamos a mentir”, dice. Por las dudas, vale la aclaración: el “insight” es definido como ese momento de la terapia en que el paciente (¡al fin!) incorpora por sí mismo la interpretación analítica.